Últimamente yo veo la vida como un gran álbum de figuritas.
Vivo tratando de completarlo, de conseguirlas todas para así en muchos, muchos años, poder verlo lleno. Lleno de vida.
Pero ya estoy cansada de abrir paquete tras paquete, esperando que por fin me toque una en particular, esa que vengo buscando hace tanto tiempo.
Porque sí, aunque mi álbum tiene muchísimas otras figuritas que lo decoran, hay una página que siempre se mantuvo vacía. Y cada vez se hace un poco más duro ver que esa es la única parte que nunca parece llenarse.
Esperarlo, buscarlo, resignarte. Me vuelve loca intentar encontrarle la vuelta.
Agota el hecho de saber que no depende de vos. Que por más que lo intentes y lo intentes, una y otra vez, hasta que no aparezca esa otra persona, es todo en vano.
Y la incertidumbre de cuánto tiempo más falta para que pase... puf, basta.
Esto de pasar una noche de sábado sola en casa definitivamente no ayuda.
Estoy completamente segura de que yo pertenezco a la década de los ochenta y me encanta expresarme, actuando, cantando, respirando, de cualquier forma. En otras palabras, me encanta vivir, porque "amar el arte es amar la vida".