26.7.11

Closure.

Eras nada y lo fuiste todo. Al menos para mí. Y de esa nada, moldeé un universo en el cual podía vivir. O al menos eso creía.
La torre de cartas que tanto me había costado construir se estaba desarmando, y mis manos no daban abasto para mantenerla en pie.
Me alejé y la vi caer desde lejos. Nunca había visto algo así.
Parecía tan perfecto, parecías tan perfecto.
Me pasé una eternidad intentando volver a armarlo, pero me era imposible. No comprendía por qué antes había sido tan fácil verlo crecer y crecer, y ahora solo contemplaba un espacio vacío.
Fue después de incontables intentos que por fin entendí todo. Me faltaban tus cartas. Me faltaban tus manos. Estaba sola. Y así lo estuve por mucho tiempo.
Hasta que me di cuenta de que no depende de vos mi felicidad. Podía encontrarla en cualquier otra parte antes que en tus ojos. Antes que en tu sonrisa.
Si, eso no duró demasiado. Apareciste de nuevo, pero no eras el mismo.
Fue como si nos hubiésemos vuelto a conocer. Y llenaste ese último espacio que quedaba por sanar, y toda esa bruma de incomodidad que había entre nosotros se desvaneció. Pero eso tampoco duró mucho.
Quizás tardé en caer en la cuenta de que para vos todo tiene una fecha de vencimiento.
Quizás yo sólo quería seguir creyendo que mi vida si podía ser como los libros de Nicholas Sparks. No, mejor los de Jane Austen.

Quizás sólo estaba esperando un milagro.
Y quizás, y sólo quizás, yo conseguí ese milagro, aunque no te incluya a vos.
Se acabó. Volvé a ser nada.

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